Durante este verano ha llegado el primer encargo importante para Agora News: un centenar de videos periodísticos que tenemos que entregar antes de finalizar octubre y que suponen un importante esfuerzo para todo el equipo.
Pero además del reto humano, el encargo implica uno de los típicos quebraderos de cabeza para todo emprendedor: consigues por fin el contrato por el que tanto has luchado y te das cuenta de que la producción del mismo implica una serie de gastos importantes que tienes que afrontar de inmediato mientras que los pagos por tus servicios suelen demorarse 90 días desde que presentas la factura.
Se trata de un problema que tiene dos posibles soluciones: si gozas de una tesorería abultada, puedes aguantar el déficit de caja durante los tres, cuatro o cinco meses que tardas en ingresar con la tranquilidad de que contablemente las cifras salen.
Por el contrario, si tu tesorería va más bien justa, no te queda otro remedio que negociar previamente con tu cliente para cobrar por tu trabajo en función de una serie de hitos consensuados. Se trata de una práctica habitual en el mundo de la consultoría y la ingeniería donde determinados proyectos implican un esfuerzo financiero que no siempre está en condiciones de afrontar el proveedor. En mi caso he pactado un 30% por adelantado, un 30% en el ecuador del proyecto y el 40% restante tras completar el trabajo. Según los casos, incluso puede resultar aceptable negociar un descuento equivalente al interés legal del dinero sobre el importe que se ha pagado por adelantado.



